Dije que continuaría escribiendo sobre Dachau.

La primera parte se
refería a lo ocurrido en el área y me parece la “mitad deprimente”. No me gusta escribir sobre asuntos
deprimentes. Y me incomoda rodar las quinientas de Indianápolis encima de las
peores calles de la humanidad.
Escribí acerca de esa tragedia porque me pareció una
experiencia única para reflexionar en dos cosas La primera buscaba mostrar
cómo el nutrir la cultura, la información o el conocimiento, no sólo beneficia a
uno mismo, sino también “al Otro”. Interesarse por lo que ocurre en sitios
diferentes al propio es muy útil para regalarle al prójimo alguna delicadeza
agradable o comprenderle mejor y en qué puede estar interesado.

La segunda (y que me dio fuerzas para escribir la
primera) es que más allá de nuestras caídas está levantarnos.
El efecto de los campos de concentración sobre sus prisioneros
indudablemente fue terrible. Pero también consideremos que las guerras se
plagan de perdedores en todos los bandos.
Pues también existieron muchos alemanes inocentes que
pasaron hambre, frío e in
certidumbre en las noches de fuego. Al término de la
guerra, ¿quién se compadecía de ellos? –Estaban en el lado “equivocado” para
recibir el consuelo de la opinión pública así que hicieron frente al cargo de
conciencia por lo ocurrido además de las sanciones internacionales.
Muchos tesoros culturales fueron arrasados. Magníficos
palacios renacentistas, jardines, parques, paseos, catedrales y vidas
estallaron en los bombardeos. Hoy están reconstruidos. ¿Qué hay en esos lugares?
Placas y letreros que afirmaban que habían sido combatidos y destruidos por una
causa justificada y válida.
Ignoro cuánto dinero implica la restauración de
monumentos culturales en la paz aunque debe ser bastante. ¿Cómo lograron ellos
levantar tanto en un periodo posguerra?
Pensemos también que Alemania fue unificada en 1871,
después de la Segunda Guerra Mundial se dividió otra vez y se reunificó hace
menos de dos décadas, por lo que
es una nación relativamente joven. Pensemos
que también ha sido escenario de fuertes movimientos de migración tanto de
entrada como de salida. De modo que su establecimiento ajetreado como país o su
mezcolanza cultural no le ha impedido saber invertir en educación, política, economía
o calidad de vida.
¿Qué necesitas de mí, México, para que te regale un país
así?
Nota: Las fotografías son de un palacio en Munich, en
1945 frente a la actualidad. Fue un buen trabajo, ¿no?
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